El 13 de febrero de 1995, Robinson Eloy Martínez Madera llegó al Anuar Rivera Jattar como el primer docente nombrado para el bachillerato. En aquel momento solo existían sexto y séptimo grado. Más de tres décadas después, “El Peker”, como cariñosamente lo conoce la comunidad, mira hacia atrás y descubre que buena parte de su propia vida también quedó escrita en la historia de esta institución.
Cuando todo apenas comenzaba
Para muchos es simplemente el profe Peker.
Un apodo pronunciado con la naturalidad y el cariño que solo pueden construir los años. Pero detrás de ese nombre con el que lo reconocen estudiantes, egresados, compañeros y miembros de la comunidad existe una historia que comenzó hace más de tres décadas.
Era 13 de febrero de 1995.
Robinson Martínez llegaba al Anuar Rivera Jattar.
Y no era una llegada cualquiera.
Era el primer docente nombrado para el bachillerato de nuestra institución.
En aquel momento solo existían sexto y séptimo grado.
Pero entre las cosas que conserva en su memoria no están únicamente las condiciones propias de aquellos comienzos. Recuerda especialmente a los estudiantes y una alegría que se respiraba entre ellos.
Había una razón.
Para aquellos jóvenes, contar con los primeros grados de bachillerato significaba que finalmente podían continuar estudiando sin tener que salir de la población.
Robinson recuerda aquella época marcada por una inocencia especial y por la felicidad de quienes comenzaban a tener nuevas oportunidades cerca de sus familias y de su comunidad.
Mientras los estudiantes estrenaban bachillerato, él también comenzaba una historia que terminaría acompañándolo durante buena parte de su vida.
Cuatro profesores y muchas materias por enseñar
Durante aquella primera semana llegaron otros tres docentes: Sofía, Paul Ariza y Alfides.
Ya eran cuatro.
Y entre los cuatro tuvieron que repartirse las asignaturas.
A Robinson le correspondió enseñar Ciencias Naturales, Artística y Educación Física.
Hoy puede resultar curioso imaginar a un mismo profesor pasando de las ciencias al arte y luego a la educación física. Pero aquellos eran otros tiempos.
El bachillerato estaba comenzando.
Había que enseñar, organizar, acompañar y construir.
Y ellos estaban allí para hacerlo.
Sin saberlo, aquellos primeros docentes estaban participando en una etapa que años después sería parte fundamental de la memoria del Anuar Rivera Jattar.
“El Peker” vio crecer la institución
Desde aquel febrero de 1995 muchas cosas han cambiado.
Robinson las ha visto.
Ha visto transformarse la infraestructura y también ha visto renovarse lo que él llama el “material humano” de la institución.
Ha visto llegar docentes y despedirse compañeros.
Ha recibido estudiantes que luego se convirtieron en egresados.
Ha visto pasar generaciones completas.
Por eso resulta difícil pedirle que escoja un solo estudiante o un único compañero que haya marcado su vida.
No puede hacerlo.
Son demasiados nombres, demasiados rostros y demasiados momentos compartidos.
«“Fueron muchos con quienes compartí cantidad de experiencias positivas para mi desarrollo personal y mi vida en general”.»
Después de tantos años, una escuela deja de ser solamente el lugar al que se llega cada mañana a trabajar.
También se convierte en el lugar donde transcurre una parte de la vida.
No todos los días fueron fáciles
Cuando Robinson mira hacia atrás, tampoco intenta presentar su recorrido como una historia perfecta.
La docencia le ha dejado momentos difíciles. Algunos, en sus propias palabras, duros y amargos.
Pero junto a ellos aparecen muchísimos otros llenos de alegría y significado.
Así se construyen más de tres décadas dedicadas a enseñar: con días que se quisieran repetir y otros que seguramente se preferiría olvidar; con estudiantes que llegan y se van, compañeros que se convierten en amigos y experiencias que terminan enseñándole también al maestro.
Quizás por haber recorrido ese camino durante tantos años, Robinson tiene una manera muy particular de referirse a quienes han compartido con él esta profesión:
«“Son los guerreros más grandes que he conocido”.»
Así habla de sus compañeros docentes.
Mucho más que un trabajo
Han pasado más de tres décadas desde aquel primer día.
Aquel profesor que llegó cuando el bachillerato apenas tenía sexto y séptimo ha podido verlo crecer y transformarse.
Y mientras la institución cambiaba, Robinson también construía aquí su propia historia.
Su trabajo, sus relaciones, sus aprendizajes y una parte importante de su vida quedaron ligados al Anuar Rivera Jattar.
Por eso, cuando se le pregunta qué ha significado pertenecer a esta institución, responde:
«“Formar parte del Anuar Rivera Jattar ha sido para mí la base fundamental para mi desarrollo laboral, personal y social”.»
Son palabras sencillas, pero adquieren otra dimensión cuando vienen de alguien que estuvo allí cuando el bachillerato apenas comenzaba.
“Gracias, mis llaves”
Al terminar de contar parte de sus recuerdos, Robinson hizo algo que quizá resume perfectamente su manera cercana de relacionarse con quienes lo rodean.
Dio las gracias.
Y lo hizo utilizando una expresión muy suya:
«“De antemano les doy las gracias a ustedes, mis llaves, por abrir este espacio para sacar de mi interior este suceso de mi vida tan especial”.»
Tal vez ahí está precisamente la razón de ser de Historias que enseñan.
Detenernos por un momento y escuchar.
Porque todos los días podemos cruzarnos con un profesor en un pasillo, saludarlo, conversar con él o verlo entrar a un salón sin imaginar todo lo que ha vivido durante su recorrido por esta institución.
Robinson Martínez llegó al Anuar Rivera Jattar el 13 de febrero de 1995.
Llegó cuando el bachillerato apenas comenzaba.
Llegó como su primer docente nombrado.
Con los años llegaron más profesores, nuevos grados y nuevas generaciones. La institución creció y se transformó.
Y aquel profesor también fue construyendo aquí buena parte de su vida.
Hoy muchos quizá no conocen todos esos detalles.
Pero sí conocen al profe Peker.
Y después de más de tres décadas, resulta difícil contar la historia del bachillerato de nuestra institución sin encontrar también un pedazo de la historia de Robinson Martínez.
— Robinson Eloy Martínez Madera, “El Peker”
Historias que enseñan · Segunda entrega
Etiqueta: Robinson Martínez
-

Robinson Martínez: el maestro que abrió camino
