Etiqueta: San Luis Beltrán

  • Lilia Madrid Bohórquez: veinte años sembrando pedacitos de su corazón

    Lilia Madrid Bohórquez: veinte años sembrando pedacitos de su corazón

    “¿Y usted qué va a hacer aquí?”

    Fue una de las primeras preguntas que escuchó Lilia Esther Madrid Bohórquez cuando llegó al Anuar Rivera Jattar en 2006. Uno de los profesores, sorprendido al verla, le dijo que su lugar estaba en Los Patos, en la escuela Los Patos.

    La situación, que en aquel momento pudo resultar inesperada, hoy forma parte de esos recuerdos que Lilia evoca con cariño.

    Han pasado veinte años desde entonces.

    Y quizá la mejor respuesta a aquella pregunta esté en las generaciones que han pasado por sus aulas, en los antiguos estudiantes que todavía la recuerdan y en una institución que terminó convirtiéndose en una parte muy importante de su propia vida.

    Una llegada que terminó convirtiéndose en historia

    Lilia llegó a la institución en 2006, después de ser nombrada por decreto.

    Encontró un colegio que ya contaba con un buen número de estudiantes y con espacios adecuados, aunque todavía hacían falta algunas aulas. No había internet y los recursos eran mucho más limitados que los actuales.

    Pero había algo que llamó especialmente su atención desde el comienzo: la unión de la comunidad.

    Los padres de familia estaban dispuestos a colaborar y a aportar cuando surgía alguna necesidad. Buena parte de las dificultades se enfrentaban con ese esfuerzo colectivo de familias, docentes y comunidad.

    Con los años, Lilia ha visto crecer y transformarse aquella institución: nuevos espacios, más recursos y mayores oportunidades para los estudiantes.

    Pero algunos recuerdos de aquellos primeros tiempos permanecen intactos.

    El día en que se cayó el techo

    Entre todos ellos hay uno que difícilmente podría olvidar.

    Era un día de clases como cualquier otro. Lilia se encontraba en el salón con sus estudiantes cuando ocurrió algo completamente inesperado:

    el techo del aula se vino abajo.

    Fueron segundos de enorme susto.

    Por fortuna, tanto ella como los niños lograron salir ilesos.

    El tiempo convirtió aquel momento de angustia en una de esas historias que permanecen para siempre en la memoria. Una anécdota que recuerda las dificultades de otros tiempos, pero también todo el camino recorrido desde entonces.

    Generaciones que siguen regresando

    Durante veinte años, Lilia ha visto pasar muchas generaciones por sus aulas.

    Cada una llegó con sus propias historias, dificultades, sueños y maneras de entender el mundo.

    Muchos de aquellos niños y jóvenes son hoy profesionales. Algunos, cuando vuelven a encontrarse con ella, todavía la recuerdan con cariño.

    Para Lilia, esos encuentros tienen un valor especial.

    No se trata únicamente de descubrir cuánto crecieron sus antiguos estudiantes. También significan comprobar que, después de tantos años, algo de lo vivido en el aula permaneció en ellos.

    Y esa, reconoce, es una de las mayores satisfacciones que le ha regalado la profesión.

    Escuchar antes de juzgar

    Pero enseñar durante tantos años también le ha dejado aprendizajes que no aparecen necesariamente en los libros.

    Uno de los más importantes ha sido comprender que cada estudiante llega al salón llevando consigo una historia que el maestro muchas veces desconoce.

    Detrás de un comportamiento, de una dificultad académica o incluso de una mala respuesta puede existir una realidad que no siempre es visible.

    Por eso los momentos difíciles le han enseñado a tener paciencia, a escuchar antes de juzgar y a comprender el valor que puede tener una palabra pronunciada en el momento indicado.

    A veces, un gesto de apoyo puede significar mucho más de lo que el propio maestro alcanza a imaginar.

    La felicidad también está en lo cotidiano

    Cuando Lilia piensa en los momentos más bonitos de su paso por la institución, no necesita escoger una ceremonia, un reconocimiento o una fecha especial.

    Para ella, buena parte de la felicidad ha estado en cada día de trabajo.

    Compartir con sus estudiantes. Verlos aprender. Acompañarlos mientras crecen. Encontrarse años después con quienes alguna vez ocuparon un pupitre frente a ella.

    Son momentos sencillos, pero suficientes para confirmar que el esfuerzo ha valido la pena.

    Porque muchas veces la verdadera dimensión del trabajo de un maestro solo aparece con los años, cuando aquel estudiante regresa convertido en adulto y todavía conserva un recuerdo de quien alguna vez lo acompañó.

    Los nombres que también hacen parte del camino

    Una historia de veinte años tampoco se construye en soledad.

    Al mirar hacia atrás, Lilia recuerda con especial gratitud a varias personas que han formado parte de su recorrido en la institución.

    Entre ellas menciona al profesor Madison Tetay, la seño María, la profesora Benilda y el rector Carlos González.

    Cada uno ocupa un lugar particular dentro de los recuerdos y experiencias que han acompañado su vida como docente.

    Porque una institución también se construye así: con las personas con quienes se comparten los días, las dificultades, las alegrías y el trabajo cotidiano.

    ¿Qué le diría a aquella maestra de 2006?

    Si pudiera regresar a aquel primer día y encontrarse nuevamente con la docente que acababa de llegar, Lilia tendría mucho que decirle.

    Le pediría paciencia.

    Le diría que confiara en su vocación y que aprendiera a disfrutar cada momento, incluso aquellos que parecieran difíciles.

    También le advertiría que todavía no podía imaginar todo lo que estaba por vivir: las personas que conocería, las generaciones que acompañaría y las experiencias que terminarían transformándola también a ella.

    Y, sobre todo, le dejaría un consejo:

    “Sigue enseñando con el corazón, porque cada estudiante deja una huella y tú también dejas una huella en cada uno”.

    Veinte años después

    Hoy formar parte del Anuar Rivera Jattar significa mucho más para Lilia que pertenecer al lugar donde trabaja.

    Aquí ha vivido una parte importante de su vida.

    Aquí ha crecido como docente y como persona.

    Aquí ha acompañado a generaciones enteras y ha construido recuerdos junto a estudiantes, compañeros y familias.

    Aquel nombramiento de 2006 que comenzó como una nueva experiencia laboral terminó convirtiéndose en una historia de veinte años.

    Una historia hecha de clases, dificultades, aprendizajes, compañeros y antiguos estudiantes que todavía regresan para saludar.

    Y quizá por eso, después de todo este tiempo, Lilia puede resumir su recorrido con una frase que contiene mucho más que veinte años de docencia:

    “Después de tantos años, entiendo que enseñar fue también sembrar pedacitos de mi corazón en cada generación que pasó por mis aulas”.

    Tal vez esa sea también la respuesta definitiva a aquella pregunta que escuchó cuando apenas llegaba:

    “¿Y usted qué va a hacer aquí?”

    Veinte años después, la respuesta está en cada generación que ayudó a formar.

    — Lilia Esther Madrid Bohórquez
    Historias que enseñan · Sexta entrega

  • Humberto Orozco Vega  Retazos de una vida anuarista

    Humberto Orozco Vega Retazos de una vida anuarista

    Humberto Orozco Vega escogió al Anuar Rivera Jattar sin conocerlo. Y, como él mismo reconoce, la institución también lo recibió sin saber quién era.

    Era 2010, un año que quedó marcado en la memoria de la región por una de las grandes crecientes del río Magdalena. En medio de aquellas aguas comenzó una relación que, dieciséis años después, Humberto reconoce como parte fundamental de su propia vida.

    Una escuela construida entre todos

    Humberto recuerda con especial cariño la institución que encontró cuando llegó.

    En su memoria aparece como una pequeña escuela de paredes limpias, rodeada de flores y árboles, con muchas canecas y poca basura. Un lugar que lo cautivó desde el primer momento.

    Era una institución más pequeña que la actual. Había menos aulasaulas, menos computadores y menos docentes, pero esa misma dimensión generaba una particular sensación de cercanía. Era una escuela casi artesanal, construida día a día con el aporte de todos, donde cada persona estaba dispuesta a asumir diferentes tareas y las puertas permanecían abiertas a la comunidad.

    Humberto la describe también con una expresión muy suya: una “escuela boutique”, pequeña y acogedora, donde todos hacían de todo.

    Y muy pronto descubriría que aquello de hacer de todo no era solamente una manera de hablar.

    Para llegar a enseñar había que atravesar el agua

    Su llegada coincidió con la creciente de 2010.

    Las vías estaban parcialmente cubiertas por las aguas y llegar hasta la institución se convirtió en toda una aventura.

    Humberto recuerda que durante el recorrido vestían pantalonetas y ropa ligera para atravesar los caminos inundados. Solo después de llegar a la escuela se cambiaban de ropa para entrar al aula y comenzar las clases.

    Con los años, aquel paisaje también cambió. Las vías fueron elevadas y pavimentadas, y varias aulas de primaria y bachillerato se construyeron sobre palafitos para enfrentar mejor las condiciones del territorio.

    Son recuerdos de una institución diferente, pero también de una comunidad acostumbrada a encontrar maneras de seguir adelante.

    Desde jardinero hasta vicerrector

    Si algo caracteriza la experiencia de Humberto en el Anuar es la cantidad de lugares desde los cuales ha vivido la institución.

    Él mismo lo resume con humor:

    “En esta institución he sido desde jardinero hasta vicerrector”.

    Entre ambos extremos hay una lista que parece resumir varias vidas dentro de una misma escuela: ha sido profesor de Educación Física, Artística, Matemáticas, Inglés, Informática, docente de primaria y, por último, profesor de Lengua Castellana en grado noveno.

    Incluso incluye entre sus funciones la de “ambulancia”, una de esas expresiones que retratan aquella dinámica en la que todos estaban dispuestos a asumir diferentes tareas cuando la comunidad lo necesitaba.

    Pero entre tantos cargos, áreas y experiencias, hay una que ocupa un lugar diferente en su memoria.

    El “castigo” que terminó siendo un premio

    Un día Humberto llegó a grado primero.

    Según cuenta, llegó allí “como castigo”.

    Y sobrevivió.

    Lo dice con humor y recuerda incluso que aquel año perdió cinco kilos. Pero detrás de la anécdota quedó una experiencia que terminó transformándose en uno de los recuerdos más satisfactorios de su vida como maestro.

    Años después, algunos de aquellos niños todavía se encuentran con él y le dicen:

    “Usted me enseñó a leer”.

    “Usted me enseñó a contar”.

    Y entonces aquel supuesto castigo adquiere otro significado.

    Humberto lo expresa mejor que cualquier explicación:

    “Fue el premio más grande que me dio la vida”.

    Cuando los estudiantes regresan convertidos en amigos

    No todos los momentos han sido fáciles.

    Humberto reconoce las dificultades propias de una profesión en la que, según sus palabras, hay que luchar constantemente por mantener una educación gratuita, pública y obligatoria.

    Sin embargo, cuando mira hacia atrás, descubre que los buenos recuerdos terminan superando a los difíciles.

    Estudiantes que en algún momento representaron grandes retos hoy regresan convertidos en profesionales. Algunas relaciones que comenzaron como profesor y alumno terminaron transformándose, con el paso de los años, en amistades sinceras.

    Recuerda a alguno que nunca pudo con las matemáticas y hoy es un gran orador. A otros que todavía le dicen: “Usted me enseñó a contar jugando” o “Usted me enseñó a leer escuchando”.

    Y recuerda especialmente a uno que terminó invirtiendo los papeles:

    un estudiante que le enseñó a él a manejar.

    Porque después de tantos años, la escuela también termina siendo un lugar donde todos, de alguna manera, enseñan y aprenden.

    Una colcha hecha de muchas personas

    Para explicar lo que ha significado su paso por el Anuar Rivera Jattar, Humberto utiliza una imagen que atraviesa toda su reflexión:

    “Nuestra vida es una colcha de retazos”.

    Para él, las personas que pasan por nuestra historia siempre dejan algo.

    Por eso siente que lleva consigo un pedacito de los rectores, profesores, estudiantes y demás miembros de la comunidad con quienes ha compartido durante estos años: la alegría de unos, la constancia de otros y los aprendizajes que cada encuentro fue dejando.

    Pero su reflexión no termina en lo que recibió.

    También espera haber dejado algo de sí mismo en los demás:

    “Espero que, de igual manera, a cada uno de ellos yo le haya aportado un parchecito para crear su propia colcha de vida”.

    “Yo la escogí sin conocerla”

    Han pasado dieciséis años desde aquel 2010.

    Y quizá lo más sorprendente para Humberto sea descubrir cuánto de su propia vida quedó unido a aquella institución que alguna vez eligió sin saber exactamente qué encontraría.

    Lo expresa con sencillez:

    “Yo la escogí sin conocerla y ella me aceptó sin conocerme”.

    Después agrega una reflexión todavía más profunda:

    “Pienso que yo no fuera lo que soy sin ella, pero ella seguiría siendo igual sin mí”.

    Es su manera de reconocer cuánto ha recibido del lugar al que llegó durante aquel año de creciente.

    Y si pudiera encontrarse hoy con aquel joven que llegó en 2010, Humberto sabe qué consejo le daría.

    No escogería una fórmula pedagógica ni una recomendación sobre cómo enseñar.

    Recurriría al zorro de El Principito y a una frase que, después de tantos años, parece resumir también su manera de mirar al Anuar Rivera Jattar:

    “Solo con el corazón se ven las cosas importantes; lo importante es invisible a los ojos”.

    Quizás allí estén todos los retazos.

    La pequeña escuela rodeada de árboles y flores. Los caminos cubiertos por el agua. Las clases. Los distintos roles asumidos. Los estudiantes que aprendieron a leer y a contar. Los que se hicieron profesionales. Los compañeros. Las dificultades. Las amistades.

    Pedazos aparentemente distintos que, unidos por el tiempo, terminaron formando una misma historia.

    La historia anuarista de Humberto Orozco Vega.

    — Humberto Orozco Vega

    Historias que enseñan · Quinta entrega

  • La IED Anuar Rivera Jattár hizo historia en los Juegos Intercolegiados 2026

    La IED Anuar Rivera Jattár hizo historia en los Juegos Intercolegiados 2026

    Cuatro selecciones de nuestra institución alcanzaron la fase departamental en Santa Marta, mientras el equipo femenino prejuvenil de fútbol sala obtuvo el subcampeonato.

    La Institución Educativa Departamental Anuar Rivera Jattár alcanzó una destacada participación en los Juegos Intercolegiados 2026, consolidando uno de los resultados deportivos más importantes de su historia reciente.

    Cuatro selecciones de la institución lograron avanzar hasta la fase departamental, realizada en la ciudad de Santa Marta. Este resultado refleja el esfuerzo de los estudiantes, el acompañamiento de los docentes y el compromiso de quienes participaron en su preparación.

    Para conocer los detalles de esta experiencia, el equipo de nuestro nuevo portal informativo y Zura Radio entrevistó al licenciado Robinson Martínez Madera, docente de la institución y uno de los responsables del proceso deportivo.

    Un logro histórico para la institución

    Durante la entrevista, el licenciado Robinson Martínez Madera destacó la importancia de que cuatro selecciones de la IED Anuar Rivera Jattár consiguieran representar a la institución en la fase departamental.

    Llegar hasta esta instancia significó competir con delegaciones provenientes de diferentes municipios del Magdalena y demostrar que los estudiantes de San Luis Beltrán cuentan con talento, disciplina y capacidad para destacarse en escenarios deportivos de mayor exigencia.

    Más allá de los resultados obtenidos, la participación permitió que los jóvenes vivieran una experiencia formativa, conocieran otros contextos y comprendieran la responsabilidad que implica representar a su institución.

    Subcampeonas departamentales

    Uno de los resultados más sobresalientes fue alcanzado por la selección femenina prejuvenil de fútbol sala, que obtuvo el subcampeonato departamental.

    Las estudiantes realizaron una destacada presentación durante la competencia y estuvieron muy cerca de alcanzar el título. Su actuación las convirtió en motivo de orgullo para la comunidad educativa y en una muestra del potencial deportivo existente en la institución.

    Este logro también representa un reconocimiento al esfuerzo de las jugadoras, quienes asumieron con responsabilidad cada encuentro y defendieron los colores de la IED Anuar Rivera Jattár con entrega, disciplina y sentido de pertenencia.

    Más que una competencia

    Los Juegos Intercolegiados representan mucho más que una competencia deportiva. Estos encuentros contribuyen a la formación integral de los estudiantes y fortalecen valores como la responsabilidad, el respeto, la disciplina, el compañerismo y el trabajo en equipo.

    La experiencia también permitió identificar fortalezas y aspectos que deberán seguir trabajándose para mejorar la preparación y brindarles a los estudiantes mayores oportunidades de participación.

    Para alcanzar nuevos resultados será fundamental continuar fortaleciendo los procesos deportivos y contar con el respaldo de las familias, los docentes, las directivas y toda la comunidad educativa.

    Un reconocimiento a nuestros representantes

    La IED Anuar Rivera Jattár felicita a todos los estudiantes que participaron en las diferentes etapas de los Juegos Intercolegiados 2026, especialmente a quienes lograron avanzar hasta la fase departamental.

    Asimismo, reconoce el trabajo de los docentes y acompañantes que estuvieron al frente de las delegaciones y aportaron su tiempo, experiencia y compromiso durante todo el proceso.

    Los resultados obtenidos demuestran que el deporte escolar es una valiosa herramienta para educar, integrar a la comunidad y abrir nuevas posibilidades para nuestros jóvenes.

    La participación en Santa Marta no representa el final del proceso, sino el comienzo de nuevos desafíos. La meta será continuar fortaleciendo la preparación de los equipos para que la institución siga alcanzando importantes logros deportivos.

    Zura Radio y el portal informativo institucional nacen como espacios creados para visibilizar las experiencias, los logros, los proyectos y las voces de la comunidad educativa de la IED Anuar Rivera Jattár.